Cuando hay una pérdida, vienen a tu vida olas de dolor que, como las del mar, van y vienen. Unas intensas, otras tranquilas…
A veces tu playa está amplia… sola… Otras veces, te sientes invadido(a) por el cambio, por los recuerdos, por la vida misma…
Si esta es tu situación, haz un alto en tu camino, cierra tus ojos y siente tu fortaleza que crece con tu sentir, mira adentro de ti y descubre ese intenso mundo interior que aún no conoces; entonces fluirá Dios para caminar contigo esa transición… Déjate acompañar…